
Las contiendas políticas no suelen tener triunfadores o perdedores. Según el lado que se mire, los resultados -números fríos y precisos- se interpretan como positivos. Nunca se debe dar argumentos al adversario, está claro que no se debe echar piedras sobre el propio tejado. La lógica política es aplastante: nunca se pierde del todo, siempre hay algún resultado favorable al que aferrarse, al menos de cara a tu electorado. En este sentido, los resultados de las elecciones a alcaldes y gobernadores en Venezuela no son la excepción.
Desde la bancada oficialista, se leen las elecciones de la siguiente manera: sus candidatos han conseguido el triunfo en 17 de las 22 gobernaciones en juego (con el matiz de que recupera 4 de los 5 estados en los que se había producido disidencias); el PSUV triunfa en el 80% de las alcaldías (esto implica que la oposición pierde la mitad de sus alcaldías), y los votos totales suben un 20% con respecto al referéndum por la reforma constitucional.

Por el lado de la oposición se interpretan las elecciones así: se suman 3 estados más a la lista de los controlados por la oposición, la población representativa de los estado conquistados por la oposición suma casi la mitad del total de la población, además se consigue el control de zonas “representativas”: el estado más industrializado (Carabobo), el más turístico (Nueva Esparta), uno de los más poblados (Miranda), 4 de las 5 alcaldías que conforman la Gran Caracas, el estado más rico en petróleo (Zulia) y se arrebata la alcaldía de Maracaibo (cuyo alcalde, Manuel Rosales, es el líder de la oposición).
Como vemos, ni vencedores ni vencidos. La oposición tiene motivos para ilusionarse y el chavismo razones para creer que puede mantenerse largo tiempo en el poder. Todo depende desde dónde se mire. ¿Y tu, cómo lo ves?


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